Señor,
irradiar la serenidad del silencio orante,
irradiar la capacidad de poder estar en tu presencia,
irradiar la sensibilidad religiosa que nos hace crecer
en santidad,
en profecía,
en comunión.
A pesar del dolor de la soledad.
A pesar de la angustia del saberse tan humano.
A pesar del dolor en el pecho de tanta humana humanidad.