Como un intruso,
como un extraño,
como un proscrito
hostigado...
... dudo de mí mismo,
hostigado...
... dudo de mí mismo,
entre abismos,
como un conductor
como un conductor
de un tranvía que desconoce
el destino,
las paradas,
los mecanismos
ruidosos
y oxidados
de la máquina
que nos lleva,
inexorable.
Sombras temerosas,
pobres bestias,
obsesivos viandantes
en las aceras viscosas:
así los seres que me acompañan.
¡Dios que no niegas nada...
resitúame,
purifícame,
apuntálame!