El silencio,
la paz,
la quietud
tan deseados...
la paz,
la quietud
tan deseados...
La humildad,
la simplicidad,
la mansedumbre
que aligeran la vida...
Mi alma se ha empleado,
y todo mi caudal en su servicio,
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.
SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual.