Silenciarse.
Silenciarse como respirar.
Y allá,
muy allá,
en lo hondo
de lo hondo,
intuir,
palpitante,
a ese Alguien
que es más
que todo cuanto
podamos conocer,
que es más
que todo cuanto
podamos descubrir,
que es más
que todo cuanto
podamos imaginar...
Y estar dispuesto
a acogerle,
a entrar en comunión con Él,
a confiar a fondo perdido
en Él.
Aunque abrase.